Se acostó esa noche sintiéndose completamente bien.
Le dio un beso a su esposo, acomodó su manta favorita y cerró los ojos como lo había hecho miles de veces durante más de setenta años.
Pero aquella noche fue diferente.
No volvió a despertar.
Cuando llegaron los paramédicos, confirmaron lo que nadie esperaba: había sufrido un infarto masivo mientras dormía. No hubo gritos, ni señales dramáticas, ni lucha. Solo silencio en la madrugada.
Muchos creen que los infartos siempre llegan con dolor intenso o síntomas evidentes. Sin embargo, la realidad médica muestra algo muy distinto: en numerosos casos, los ataques cardíacos y los accidentes cerebrovasculares ocurren durante el sueño.
Especialmente entre las 2 y las 6 de la mañana, cuando el cuerpo atraviesa uno de sus momentos más vulnerables. En ese período la sangre puede volverse ligeramente más espesa, el nivel de cortisol comienza a elevarse y el ritmo cardíaco cambia de manera repentina.
En personas mayores de 65 años, y especialmente después de los 75, ciertos hábitos antes de dormir pueden aumentar considerablemente el riesgo.
Muchos de esos hábitos parecen inofensivos. Pero en realidad pueden alterar el equilibrio del corazón durante la noche.
A continuación, veremos cinco errores nocturnos comunes que, según especialistas en cardiología, pueden aumentar el riesgo de infartos o derrames cerebrales mientras dormimos.