Un hombre abandona a su esposa después de 26 años de matrimonio. Años después, regresa a tocar la puerta del hogar que dejó atrás.

Discutían.

A veces él se iba de casa durante horas.

Fue entonces cuando Isabel escuchó los rumores.

Sus antiguas compañeras de la escuela se lo dijeron directamente.

—Todo el mundo lo sabe, Isabel… Javier está con Lucía desde hace tiempo.

Aquella noche lo enfrentó.

—Sé lo de ustedes.

Javier suspiró.

—No es algo serio. No vale la pena destruir un matrimonio por eso.

—Si no terminas esa relación, pediré el divorcio.

Pero nada cambió.

Javier empezó a desaparecer durante días.

Un día se fue de viaje al mar con Lucía.

Cuando regresó, lo dijo sin rodeos:

—Nos vamos a divorciar. Me voy con ella. Creo que por fin encontré al amor de mi vida.

Isabel lo miró en silencio durante un largo momento.

—¿Y yo qué fui para ti todos estos años?

Javier bajó la mirada.

—Fuiste mi familia. La madre de mis hijos… pero ya no siento lo mismo.

Isabel sintió un dolor profundo.

No solo por la traición.

Sino por la facilidad con la que él parecía borrar toda una vida.

—Los sentimientos cambian cuando uno decide cambiarlos —respondió ella—. Nada se rompe solo.

Esa misma semana Javier se fue.

El divorcio fue rápido.

Javier pensó que había encontrado un nuevo amor…
pero nunca imaginó que un día tendría que volver a tocar la puerta de la mujer que dejó.

 ¿Qué pasó después en la vida de Isabel?
 ¿Por qué Javier regresó arrepentido?

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