Un hombre abandona a su esposa después de 26 años de matrimonio. Años después, regresa a tocar la puerta del hogar que dejó atrás.

Parte 2 …

Los hijos ya eran adultos y la casa quedó para Isabel.

Javier se mudó con Lucía.

En el barrio, como siempre, las noticias corrieron rápido.

Algunos la miraban con compasión.

Otros con curiosidad.

Pero Isabel caminaba con la cabeza en alto.

No quería ser “la mujer abandonada”.

Quería ser la mujer que seguía adelante.

Las primeras noches sola fueron difíciles.

La casa parecía demasiado grande.

A veces preparaba dos tazas de café por costumbre… y luego guardaba una en silencio.

Se permitía llorar unos minutos.

Después respiraba profundo y seguía adelante.

—Mi vida no termina aquí —se decía.

Con el tiempo comenzó a cambiar su rutina.

Se inscribió en un taller de pintura en el centro cultural del municipio.

Siempre le había gustado dibujar, pero nunca había tenido tiempo.

Ahora podía sentarse frente a un lienzo sin pensar en obligaciones.

Allí conoció a Alejandro.

Era viudo.

Tranquilo.

De mirada amable.

Al principio hablaban de pinceles y colores.

Después de libros, música y viajes que nunca habían hecho.

Un día él observó uno de sus cuadros: un campo iluminado por el atardecer.

vedere il seguito alla pagina successiva

Laisser un commentaire