Conocía al papá de Mónica, Aurelio Mendoza, dueño de una cadena de ferreterías. Un hombre que siempre había visto a Eduardo como un perdedor que no merecía a su hija. ¿Qué clase de oferta? Me ofrece el enganche para un departamento nuevo en providencia. Solo para Sofía y para mí. Ja, claro. Separa a su hija del marido pobre y recupera a su nieta. Típico de Aurelio. ¿Estás hablando de separarnos? Estoy hablando de darme tiempo para pensar. Eduardo, yo no puedo vivir así.
No puedo ir de ser una mujer mantenida a ser la esposa de un empleado cualquiera. Soy gerente regional de de una empresa que nadie conoce. Mónica gritó tan fuerte que seguramente me escuchó desde mi cocina. Eduardo, durante 10 años me vendiste la idea de que eras exitoso. Descubro que tu mamá nos mantenía y ahora quieres que viva como mujer de clase media baja. Clase media baja. Con 85,000 pesos al mes. Esta mujer vive en una burbuja de cristal.
Mónica, por favor, dame una oportunidad. Déjame demostrar que puedo mantener a mi familia. Ya tomé mi decisión, Eduardo. Mañana me voy al departamento que me consiguió mi papá. Sofía se viene conmigo. No puedes llevarte a mi hija. Tu hija. La risa de Mónica sonó como cristales rotos. Eduardo, tú no has pagado ni una sola colegiatura de Sofía en 3 años. Tu mamá pagaba todo. ¿Qué clase de padre eres? Esas palabras fueron como puñaladas. Pude escuchar como Eduardo comenzó a sollyosar.
un llanto profundo de hombre quebrado. Pero lo que Mónica no sabía era que acababa de cometer el error más grande de su vida, porque al día siguiente iba a descubrir exactamente con quién se había metido. Desperté a las 5 de la mañana con una sonrisa que hubiera asustado al mismísimo Mónica había jugado exactamente la carta que yo esperaba que jugara. Ay, querida Mónica, si supieras lo que está por caerte encima. A las 7:30, mientras tomaba mi segundo café del día, vi a Mónica salir de su casa arrastrando maletas como si fuera estrella de telenovela.
Sofía la seguía con su mochila de la escuela, claramente confundida por toda la situación. Eduardo se quedó parado en la puerta en pijama, viéndolas marcharse como soldado derrotado. Pobrecito, pero necesario. A veces hay que tocar fondo para poder rebotar. Una hora después, mi teléfono sonó. Era Ana María desde la oficina. Señora Carmen, Eduardo llegó, pero se ve terrible. Ojos rojos como si no hubiera dormido. Está bien. Su esposa se llevó a su hija y se fueron de la casa anoche.
Ay, Dios mío. ¿Y qué vamos a hacer? Nada, que trabaje. El trabajo es la mejor medicina para el corazón roto. Pero, señora, Ana María, confía en mí. Eduardo necesita descubrir de qué está hecho. A las 10 de la mañana llegó mi momento favorito. Marco el número de mi abogado, licenciado Ramírez, un hombre que había manejado los asuntos legales de Valdés Enterprises desde sus inicios. Carmen, buenos días. ¿En qué puedo ayudarla? Necesito que hagas una investigación financiera completa de Aurelio Mendoza, el de las ferreterías.
Puedo preguntar por qué. Digamos que mi nuera tomó algunas decisiones precipitadas y creo que va a necesitar toda la información disponible sobre su nuevo benefactor. ¿Entendido? ¿Qué tan profunda quiere la investigación? Todo. Finanzas personales, estado de sus negocios, deudas, inversiones, declaraciones fiscales. Todo lo que sea legal obtener me va a tomar dos días. Perfecto. Después de colgar marqué otro número. Esperanza Morales, mi mejor amiga desde la preparatoria, ahora directora de la escuela privada más exclusiva de Guadalajara, la misma escuela donde Mónica había inscrito a Sofía cuando creía que tenían dinero ilimitado.
Carmen, ¿qué sorpresa? ¿Cómo estás, querida? Muy bien, Esperanza. Te llamo porque necesito un favor. Lo que sea. Sofía Valdés Mendoza sigue inscrita en tu escuela. Sí, aunque bueno, hay un problema con las colegiaturas atrasadas. Perfecto. Exactamente lo que esperaba. ¿Cuánto deben? 3 meses. 36,000 pesos. Les mandamos avisos, pero no han respondido. Esperanza, quiero que sepas que yo ya no soy responsable de las cuentas de mi nieta. En serio. Pero Carmen, tú has estado pagando durante 3 años.